lunes, 17 de noviembre de 2014



SER CAPITÁN
Si marcha sosegado por el muelle de la marina, dirigiéndose temprano al Juancho a las rutinas de a bordo, alguno habrá que no le adivine a este hombre su elegante oficio. Reinaldo Curbelo Avello es capitán de un yate de pesca de agujas, una embarcación turística que abandona glamorosa los canales y enfila al nordeste buscando los hileros de la mítica Corriente del Golfo. La gente que pasea la orilla o mete su cordel entre una ola y la otra les mira entonces pasar como cosa de otro mundo.
De escaparse cuando chico a la costa y los embalses, con un carrete o una vara criolla, le vino tal vez la vocación por los asuntos del mar, que siendo archipiélago el país no es mucho el andar que hace falta para mojar los zapatos, ni convencimiento ajeno para que cualquiera le tome el gusto a ese paisaje. Lo intrigante en todo caso es como nadie se imagina que mandar esa nave de blanco plástico y rauda propela que va trazando la línea del horizonte puede ser realmente un trabajo para el futuro.  
Tampoco es tanta la casualidad, si vamos a entender, pues este Curbelo nació en la ciudad de Cienfuegos, que ya es bastante con ello para ser familia del océano; si luego, a los tres años, le trajeron a la capital y algunas vacaciones vagabundeaba por la playa de Varadero, que era y no era el tremendo emporio turístico de hoy, pues mirando  se habrá aprendido también algo de los negocios de navegar, si vamos a ser lógicos.
Aunque la ruta no es tan recta como a veces uno se imagina, porque la carrera escogida fue la licenciatura en Cultura Física, que bien pudo llevarlo a un aula, a un terreno deportivo, a una oficina. Algo habría de persistente en la vocación, de cualquier modo, puesto que el tema de la tesis vino a caer en la vieja afición, quien sabe si debido a que el maestro se nombraba Gonzalo León Lanier, años más tarde autor de uno de los escasos libros de pesca deportiva publicados en Cuba, Lo que usted debe saber de pesca.  
Concluido en 1982 su ejercicio académico de graduación, tras exponer la tesis “Zonificación de especies deportivas en el tramo del bajo de Santa Ana a Cojímar”, fue asignado a la Marina Hemingway, al oeste de La Habana, como adjunto del departamento de Relaciones Públicas. Ganada alguna experiencia en la organización de torneos, aprovecha una convocatoria a evaluación, optando primero por una plaza de marinero, que si usted supiera es empleo de mucho lustre, y finalmente toma el curso de capitán en la academia “Andrés González Lines”, donde sale diplomado en 1989. Le dieron el mando del Kilimanjaro, un Sportcraft de 30 pies de eslora y dos motores Volvo de 300 caballos de vapor.
En octubre del mismo año, dos meses antes de estrenarse como capitán, ya sale Reinaldo Curbelo a tomar su primera experiencia en el mundo de la alta competencia de pesca. Viaja nada menos que a La Guaira, Venezuela, a la sede del Playa Grande Yachting Club, donde se ha inscrito como competidor del certamen de la International Light Tackle Tournament Association (ILTTA), junto a sus compañeros de equipo Juan Pascual e Hiram González. Después de estar en cuarto puesto la víspera del cierre, con un acumulado de 700 puntos, logran el décimo puesto entre 54 equipos, con cuatro agujas blancas tomadas con línea de 20 libras. Dígase de paso que el pez de pico no se le lidiaba entonces en Cuba con tan delgada resistencia, pues en el Grand Slam del Caribe, que pocos meses antes habían compartido La Habana y Cancún, fue todo un acontecimiento bajar de 50 a 30 libras la resistencia reglamentaria.
Se medió el cubano en otros topes de vara y carrete, un par de ellos en el famoso torneo del sábalo en Tampico, México, pero su mejor resultado estuvo por llegar hasta que en 1997 el Torneo Internacional de la Pesca de la Aguja Ernest Hemingway, con sede en la propia marina donde labora Curbelo, alcanzó el momento propicio de introducir las normas de marcado y liberación (Tag and Release) en el clásico cubano de la pesca mayor.
En medio de las mayores expectativas comenzó el evento, fechado del 19 al 24 de mayo, con 18 embarcaciones. Durante los anteriores tres años se había esperado, con cierto impaciente escepticismo, a que las reglas conservacionistas se aplicaran en el principal certamen piscatorio cubano, aunque finalmente fue asombrosa la sencilla eficacia con la que todo sucedió, también puede decirse que el proceso se llevó a cabo con un ritmo muy propio.
Reinaldo Curbelo y su compañero de equipo, Manuel Serrano, completaron en conjunto 405 puntos (marcaron y soltaron un castero, tres agujas blancas y una aguja de abanico, además de un castero de 109 libras declarado no válido), perdiendo el puesto en la Copa Hemingway por sólo medio punto menos ante la tripulación alemana. El Bicho, la embarcación a bordo de la cual compitieron, fue la única embarcación en este certamen que reportó capturas en cada una de las cuatro jornadas. Curbelo se convirtió en el máximo acumulador individual de puntos de la cita, con cuatro capturas y 280 unidades, además de  quedar para la historia como el primer cubano que marcaba y soltaba peces en el torneo.
"Fue una experiencia interesante, deslumbradora, ver al pez retornar vivo a las aguas, después de haber brindado una espléndida batalla", manifestó en aquella ocasión a este periodista. Al año siguiente, junto a su compañero de oficio, el capitán Pedro Calvo, convencieron a los directivos de la Marina Hemingway de que organizaran una competencia para la captura del peto, un túnido que tradicionalmente pescan durante la época invernal tanto en La Habana como en Santiago de Cuba. La primera experiencia se llevó a cabo durante el último fin de semana de noviembre de 1998 y fue satisfactoria, repitiéndose en varias ocasiones el certamen.
Durante todos los años transcurridos desde su ingreso al oficio de mar no ha dejado de asistir a competencias, si bien las más de las veces como tripulante y guía. El día de receso de uno de los torneos de finales del siglo pasado, al timón del yate del norteamericano Dick Mandt, un conocido competidor de la primera época de la pesca con liberación en La Habana, el capitán Curbelo Avello puso a su pescador sobre ocho peces de pico que fueron marcados y liberados. De hacer sido en fecha de competencia, habría quedado como un récord histórico por mucho tiempo. Actualmente se le ha confiado el mando de un yate propiedad de un extranjero.
Conversando pausado en la popa del Juancho, el periodista hace que Curbelo enumere paciente sus obligaciones.
― ¿Qué ha de saber un capitán?
― Digamos que un dominio completo de la navegación electrónica: GPS, radar, ecosonda, carta de navegación, idioma inglés, ética, conocimientos suficientes para desempeñarse como cocinero y barman... Dar auxilio, ser solidario con los compañeros de mar; en el mar todo el mundo tiene que ser hermano y “ser un gavilán arriba del barco”.
― ¿Cuáles son las rutinas del día?
― A diario hay que hacer la limpieza del barco: echar agua, limpiar, secar. En el cuarto de máquinas se controla cada mínimo detalle, presillas, mangueras; detectar salideros, chequear el aceite, el agua de enfriamiento, encendido del motor, vigilar los parámetros de funcionamiento, como el cargado, temperatura, presión, escape, bomba de agua, que todo esté trabajando... El barco debe estar oloroso, limpio, la lencería limpia, los vasos y copas, el agua necesaria, el papel sanitario...
― ¿Y durante las salidas al mar?
― Si es jornada de pesca, las carnadas y las varas listas en la popa, con toda la parte burocrática del despacho de capitanía realizada. Si hay un poquito de marejada, vigilar que todo lo que pueda caer esté seguro, el televisor, el refrigerador, una cámara... nada de vidrio debe estar en una altura. Estar al tanto de la cantidad de personas a bordo y extremar aún más los cuidados si entre ellos hay niños; advertir a los padres dónde estos pueden o no pueden estar y la necesidad del chaleco salvavidas. Si se va a ejecutar el buceo, controlar la posición en la que se encuentran las personas...
Aparte de la documentación propia de la embarcación, el capitán porta una carpeta con documentación reglamentaria que debe estar disponible para cualquier chequeo con autoridades marítimas en aguas nacionales o internacionales. Son básicos el certificado de capitán graduado y la titulación de competencia profesional que extiende la Organización Marítima Internacional, OMI, precisando en detalle el dominio en cada materia: navegación por radar a nivel operacional, observador de radar y punteo, supervivencia en embarcaciones, formación básica en aspectos de seguridad, primeros auxilios, técnicas avanzadas de lucha contra incendios, código internacional de gestión de seguridad, prevención y control de estupefacientes, inglés marítimo sección I y certificado de oficial de protección de buque.
― Mucha documentación es, capitán. Pero es fácil entender que es necesario asegurarse de las capacidades de quien está a cargo de la seguridad de otras personas y del cuidado de un patrimonio bastante costoso, como es una moderna embarcación de recreo.
― Y eso no es lo único. Cada tripulante debe poseer una copia del contrato de trabajo con la entidad empleadora correspondiente, en nuestro caso SELECMAR; una boleta de enrolo, certificado médico, antecedentes penales, fotocopia del pasaporte, certificado de alcohol y drogas y carta de viaje.
El capitán Curbelo, que ahora mismo cuenta 57 años de edad, mantiene una dedicada atención a actualizar una pequeña biblioteca que lleva a bordo, dice, para orientar al propietario del barco y los invitados en cualquier aspecto de técnica naval o relativo a la pesca recreativa que requiera una revisión. Su más cotidiana preocupación, entretanto, es atender el estado del tiempo, una rutina que cumple haya o no una salida al mar prevista. Se enterará a primera hora de las predicciones del día por el parte meteorológico que transmite el servicio de información matutino de la televisión, y luego verificará el parte marino que emite permanentemente el Instituto de Meteorología y puede ser consultado en cualquier momento por el teléfono 866 6060, extensión 7. Si hay pesquerías en proyecto, verificará asimismo las fases de la luna.
― A mí, para pescar agujas, me gustan el cuarto creciente y el cuarto menguante, nunca la luna llena. Tres días después del creciente, esa es la fecha...
― Si usted lo dice, capitán, podemos ir saliendo.



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